Historia
Se pierde en la noche de los tiempos el rastro de los antepasados de la familia Aranburu que a lo largo de generaciones y generaciones se ha dedicado al pastoreo en el municipio guipuzcoano de Idiazabal y sus alrededores. La tradición acompañó a la familia hasta bien entrado el siglo XX, cuando Prudencio Aranburu, fue seducido por la industrialización de la zona, interrumpiendo con ello la actividad milenaria durante unos pocos decenios.
Pero Jesús, Javier y Juanjo, los tres hijos de Prudencio, sentían curiosidad por el oficio de sus abuelos y decidieron recuperar, por puro placer, el pastoreo y poco a poco, de forma autodidacta, fueron recuperando las artes de la quesería.
Al principio fue un juego. Cada uno de los hermanos hacía quesos que marcaba con una moneda distinta a modo de sello. La competición entre ellos llevó con el tiempo a perfeccionar de la técnica, a adquirir habilidad con las herramientas y a reconocer las mejores materias primas.
Empezaron, así, a comercializar el escaso pero sobresaliente producto de su juego de juventud, convirtiendo la actividad quesera en trabajo artesanal a tiempo parcial.
Durante la década de los 90 fueron construyendo los cimientos de lo que en 2005 sería constituido como J. Aranburu Elkarte (la “J” responde a la inicial de los nombres de los tres hermanos) junto con 3 pastores más que aportan leche.